Reseña bibliográfica: Mi lectura: “De la República al Mercado. Ideas educacionales y política en Chile” de Carlos Ruiz Schneider

October 17, 2017

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A continuación les presento el libro. De la República al mercado. Ideas educacionales y política en Chile de Carlos Ruiz Schneider publicado el año 2010 en Santiago de Chile por Lom ediciones. Esta reseña la escribí para el seminario: “El problema de la identidad y la cultura en América Latina” impartido por el Doctorado en Filosofía de la Universidad de Chile en el segundo semestre del año 2013 y dirigido por los profesores Marco García de la Huerta y Carlos Ruiz Schneider.

 

Les propongo a continuación seguir el siguiente índice: expondré los motivos por los cuales he elegido este libro para reseñar, posteriormente me referiré a las tesis centrales que postula el autor en cada uno de los capítulos del libro, en tercer lugar comentaré particularmente el capítulo primero del libro, dando cuenta de las fuentes y los argumentos que utiliza el autor para motivar su lectura.

 

Los motivos de la Reseña

Los estudios sobre el siglo XIX y XX chileno han sido abundantes en los últimos años, no sólo en lo que se refiere a investigaciones historiográficas, sino también han entrado al debate las investigaciones teóricas y filosóficas que se han ocupado de establecer ciertas problemáticas que han afinado las temáticas que anteriormente fueron, sin lugar a dudas, ocupación de historiadores.

 

Era común que la llamada “historia de las ideas” fuera un área que ocupaban preponderantemente los historiadores y leguleyos, sin embargo se ha ido abriendo al cuestionamiento de otras disciplinas. Hoy vemos compartiendo las vitrinas de las librerías los nombres de filósofos y filosofas como Cecilia Sánchez, Carlos Ossandón, Carlos Ruiz, Iván Jaksić, Elizabeth Collingwood, entre otros muchos, junto a historiadores e historiadoras como María Angélica Illanes, Sol Serrano, Sergio Grez, Gabriel Salazar, Alfredo Jocelyn-Holt, Bernardo Subercaseaux -y nuevamente- entre otros muchos.

 

El libro de Carlos Ruiz Schneider, titulado “De la República al Mercado. Ideas educacionales y política en Chile” (2010), tiene el mérito de ubicarse en una coyuntura política social muy particular que corresponde a la movilización estudiantil tanto secundaria como universitaria, que con fuerza movilizó casi a toda la sociedad chilena, pudiendo socializar con gran éxito “sus” demandas, que ya no son sólo estudiantiles, sino que se ha instalado como un problema de la sociedad toda. No había existido una movilización estudiantil de tal envergadura en los últimos 40 años. Es así como el libro de Ruiz, viene a testificar sobre una genealogía del conflicto político social respecto a la educación, no sólo de un prisma historiográfico sino más bien de sustancia teórica contextualizada políticamente, cuyo mérito es precisamente lo que a éste debate le estaba faltando.

 

Me inclino por entregarles a continuación una pequeña reseña tan sólo del primer capítulo, por ubicarse dentro de los temas y periodo que actualmente me encuentro investigando y, por otra parte, porque pareciera haber en aquella primera etapa republicana un material fundente del conflicto que hoy llevamos a cuesta, que es la desigualdad en el espíritu de todo sistema educativo que en Chile hemos implementado. Pues esta es mi lectura del libro de Carlos Ruiz. 

 

La tesis central del libro:

El libro sostiene que las ideas y políticas sobre educación, en todo el periodo republicano chileno, han transitado desde “el ideal ético y político de formación de ciudadanos”, pasando por “la promesa de igualdad y libertad que una república democrática contrae con sus ciudadanos”, hasta llegar a un sistema educativo que busca “remediar las fallas del mercado, porque son las preferencias y los cálculos de utilidad de los individuos y sus familias … los agentes y sujetos básicos de la educación” (pág. 9).

El libro se divide en seis capítulos donde el primero se titula “Educación y República en Chile durante el siglo XIX” y tiene como propósito: demostrar que “la educación tiene un papel central [y específico diría yo] que jugar en las repúblicas: formar la virtud cívica de los ciudadanos, es decir, lo que constituye el sostén fundamental de un régimen libre, que lo diferencia del despotismo fundado en el terror, o de las monarquías fundadas en el honor” (Id., pág. 15).

 

El capítulo segundo lleva por título “Escuela, política y democracia. El caso de Chile en el siglo XIX”. Si bien este ensayo comparte con el anterior la preocupación por la educación en el siglo XIX, se diferencia de él en cuanto a que se ponen en perspectiva los argumentos ora teóricos ora políticos, que se enfrentaron en el debate por la educación entre liberales y conservadores, donde la posición de Andrés Bello, según el autor, se caracteriza por ser más bien ecléctica y moderada. En este capítulo se destaca la preponderancia de las ideas –y políticas públicas, digámoslo– de la conveniencia e implementación de un sistema dual de educación, una educación para la elite y una educación para las clases pobres.

 

El tercer capítulo lleva por título “Positivismo y nacionalismo en la educación chilena”, tiene como propósito establecer el modo por el cual la educación chilena finisecular desarrolló la relación Educación y Positivismo gracias al pensamiento de Valentín Letelier, para pasar al siglo XX el cual exacerbará esta relación llevándola al binomio Nacionalismo y Educación con Darío Salas, Luis Galdames y Francisco Antonio Encina. Para el autor en ambos casos, a través de  la educación y manteniendo sus diferencias, es un modo de pensar la cohesión social que evita los desmanes del socialismo revolucionario.

 

El cuarto capítulo se titula: “Educación, desarrollo y modernización”, cuya tesis “es que esta reforma educacional [la de 1965] no apunta primordialmente a una extensión de la democracia, sino que se funda en una concepción muy precisa y determinada de la educación, que uno puede relacionar a concepciones más globales sobre el desarrollo económico, cuya relación con la democratización del sistema educacional existe, pero es más bien marginal” (Id., pág., 84). 

 

El quinto capítulo lleva por título: “Educación y mercado o el baile de los que sobran”, y tiene como propósito fundamentar cómo se gestó la relación entre educación y mercado por lo menos a partir de 1979 en plena dictadura militar, modelo educacional, que según el autor se inscribe en el propósito de desmantelamiento del Estado desarrollista.

 

El sexto y último capítulo se titula: “Educación y transición a la democracia en Chile”, cuyo propósito es demostrar que las ideas y políticas educacionales posteriores al año 1990 hasta el año 2009 han sido de continuidad, a pesar de las reformas que se han implementado, las cuales han contribuido a subsanar los desajustes entre educación y mercado, con la intensión de mantener la subsidiaridad del Estado en esta materia.

 

Las Fuentes y argumentos del Primer Capítulo

Las fuentes utilizadas en esta investigación por el autor en el primer capítulo para defender que la educación tiene como propósito “formar la virtud cívica de los ciudadanos” para alcanzar una sociedad libre, son en primer lugar la investigación de Domingo Amunátegui Solar  titulada Los primeros años del instituto nacional escrita con fecha de 1889, en la que se refiere a los textos originales de Juan Egaña, Camilo Henríquez y Manuel de Salas, sosteniendo el autor que en Egaña y Henríquez hay una fuerte influencia de Montesquieu y de Rousseau, extrayendo del primero las nociones de virtud política en clave republicana, entendida como el amor a las leyes y a la patria (Id., pág. 15). La influencia de Rousseau en Henríquez puede entenderse respecto de la educación por la defensa de un aparato docente público reglamentado por un gobierno popular, soberano y legitimo.

 

Influyó también en Camilo Henríquez, para el propósito de formar la virtud cívica de los ciudadanos, la Constitución francesa de 1795 cuyo artículo 298 encarga fundar un instituto nacional cuya misión es la mejor educación, con lo que promovió la fundación del Instituto Nacional. También es importante destacar que Camilo Henríquez luego del desastre de Rancagua critica la militarización del régimen republicano, lo hace sustituyendo la idea montesquiana de República Democrática por la de Gobierno Representativo, adoptando la posición de Desttutt de Tracy. El autor observa esta etapa del pensamiento de Camilo Henríquez apoyándose en el libro de Vasco Castillo La creación de la República. La filosofía pública en Chile. 1810-1830 publicado por Lom en el 2009.

 

La siguiente etapa, luego de la Batalla de Rircay (17 de abril de 1830) con el triunfo de los conservadores, el autor desarrolla las teorías y políticas sobre educación respecto de la llamada República Autoritaria o Conservadora, a través del libro de José Luis Romero El pensamiento político de la derecha latinoamericana (1970). En este modelo conservador, tuvo continuidad respecto del rol del Estado en garantizar una educación pública, y sin embargo el giro está ya no en la búsqueda de la virtud sino del orden. Este giro se observó con Manuel Montt y su ministro Antonio Varas, y los dos primeros rectores de la Universidad de Chile: Andrés Bello e Ignacio Domeyko. El giro teórico que deja atrás a los promotores de la Ideología (Mora y Henríquez) y prevalece la conciliación entre el sentido común y la religión, el liberalismo y la monarquía, esta influencia francesa y escocesa provino de Royer-Collard y Víctor Cousin. Ruiz sigue para ello las investigaciones de Patrice Vermeren en Victor Cousin Le jeu de la philosophie et de l’Etat (1995).

 

También el autor hace referencia a la obra de Nicolás Cruz titulada El surgimiento de la educación secundaria pública en Chile 1843-1876 (2002), en la que sostiene que la educación chilena del régimen conservador tuvo como uso el latín del período de la República romana, así fue posible según Cruz, la conciliación entre Republicanismo y elitismo.

 

Entraron al debate contra el conservadurismo el argentino Domingo Faustino Sarmiento,  José Victorino Lastarria, Francisco Bilbao y Juan Baustista Alberdi. De Alberdi el autor analiza su propuesta de inmigración europea para el mejoramiento de la educación expresada en su libro: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, publicado en Valparaíso en 1852. También analiza las Obras Completas de Sarmiento y en especial Educación Popular (1849), en la que reclama que todos los hombres por igual tienen derecho a la participación de los asuntos públicos, sin distinción de clases ni educacionales, igualmente señala que hombres y mujeres tienen los mismos derechos en el reclamo del Estado. En la misma línea van los argumentos analizados por Ruiz de los hermanos Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui en su libro La instrucción primaria en Chile: lo que es, lo que debería ser de 1856.

 

Y para ser breve, quiero destacar los argumentos de Letelier, que expone Ruiz, para el último tramo del siglo XIX. Ruiz analiza los libros de Valentín Letelier La lucha por la cultura, (1895) y Filosofía de la educación, (1912). Las ideas centrales de Letelier son: que se siente más cercano a la “República Legal” del modelo francés que como sabemos estuvo en el poder hasta 1851, en oposición a la República Social que prevaleció en el imaginario del proletariado francés expresado en la Comuna de París de 1871. Con esto, Lastarria no sólo ve amenazada la República democrática por los aparatos ultra conservadores parapetados en la Iglesia Católica, sino también en los sectores revolucionarios provenientes del mundo obrero y socialista.

 

Ruiz sugiere que se entienda la posición de Letelier respecto a estas dos amenazas desde sus propias lecturas de Comte. Respecto de la amenaza de la iglesia en materia educacional, Letelier argumenta que la misión del Estado está fijada en formar buenos ciudadanos antes que doctores, este conflicto lo entiende como el litigio entre dos poderes, por lo que el Estado no debe entregar a ningún otro poder la “dirección superior de la enseñanza” (Id., pág., 33).

 

Respecto del mundo liberal que reclama por la privatización de la educación, entendida como la libertad de educar, Letelier les replica que la educación no es un bien de consumo, una mercancía. Ruiz lo explica de la siguiente manera: “ni los profesores son productores de una industria, ni los estudiantes son consumidores […] Una industria se establece, nos dice Letelier, cuando la reclama el consumo y el consumo la reclama en función de necesidades, lo contrario ocurre con la enseñanza” (Id., pág., 34), para citar luego al mismo Letelier, quien sentencia en Filosofía de la educación de 1892, que:

 

“Cuanto mayor es la ignorancia, tanto más se necesita instrucción y tanto menos generalmente se siente su necesidad. Los economistas sostienen que a virtud de la ley de la oferta y la demanda, cuando el Estado no interviene, la iniciativa particular mejora la enseñanza y funda escuelas dondequiera se las necesita. Pero en el hecho ocurre otra cosa diferente: las escuelas se abren en las más grandes poblaciones, donde es mayor la cultura y menor la necesidad y no en la poblaciones más atrasadas, donde es mayor la necesidad, por ser menor la cultura. No son estas entonces, empresas industriales, sujetas a la ley de la oferta y el pedido. Son empresas morales, sujetas a las necesidades de la cultura” (Id., pág., 34).

 

Así mismo, Ruiz señala que otro sector que está exigiendo del Estado educación pública es el artesanado. Y desliza una muy breve pero contundente precisión historiográfica a Sergio Grez, en cuanto a que este autor señala en su libro De la Regeneración del Pueblo [….] que obreros y artesanos comulgan en un “liberalismo popular”, a lo que Ruiz señala que debe tenerse en cuenta que las fuentes, en este caso periódicos, están refiriéndose a una especie de “Republicanismo popular”, y es este concepto el que le permite sostener que el mundo artesano obrero comulgan de un ideal de república a la que le exigen una educación pública igualitaria. No es por su pensamiento liberal sino más bien por su propio reconocimiento de republicanos.

 

Quisiera destacar sobre esto último, que Ruiz acota muy bien sus fuentes para el estudio de la prensa artesano obrera, ya que identifica con precisión aquellos periódicos que son efectivamente artesanos, como El Artesano de Talca, El Precursor, y La Voz del Obrero de Taltal, y no otros que fueron de liberales o conservadores haciéndose pasar por artesanos como es el caso de El Artesano de Santiago perteneciente a Ramón Rengifo, un estanquero que firmaba como “carpintero”.

 

Estimo que en este capítulo, si bien Ruiz es muy exhaustivo en revisar cada una de las posturas respecto de la idea de educación que la República debiera tener, descuidó aquella crítica que sectores más radicales del artesanado hicieron respecto de la obligatoriedad de la instrucción primaria, viendo ahí la pérdida de su autonomía y su propio derecho a la auto educación. Pero es un detalle que no malogra la obra, por el contrario le permite poner el acento en problemas fundamentales sobre la educación que han atravesado toda la historia de Chile. Es un libro absolutamente recomendable para entender en perspectiva histórica y teórica las movilizaciones sociales por la educación que inaugura este siglo XXI.

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